Copyright © 2017 Archdiocese of Boston | All Rights Reserved
El Mensajero
Nuestra Fe
Los Adventistas del Séptimo Día 5
comenzó en 1844, cuando Cristo entró en el lugar del santuario llamado “el Santo de
los Santos”. En esta segunda localización es donde Jesucristo ha comenzado a hacer
la expiación por los pecados, investigando en los libros del cielo los pecados de los
hombres y borrándolos.

Obsérvese que, según esto, la obra expiatoria de Cristo no comenzó hasta 1800 años
después de su muerte en la cruz. Como corolario a esto, además, Ellen White defendió
por un tiempo que la puerta se había cerrado para los pecados de los hombres. Es
decir, como Cristo habría abandonado ya el lugar desde donde recogía los pecados de
los hombres, cerrando la puerta tras Él, después de 1844 no habría ya perdón para los
pecados de los hombres. Es decir, quien pecara tras 1844 no tendría perdón para sus
pecados.

La Iglesia Católica dice que Jesucristo entró en el Santo de los Santos cuando ascendió
a los cielos. Este Santo de los Santos no es sino el lugar de la presencia de Dios.
Decimos que Jesús subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Ése es el
santuario celeste.

Es decir, la Iglesia no toma literalmente la idea de un santuario celeste, como si fuera
un lugar físico. Dios es espíritu y no está confinado a ningún edificio. El santuario
terrestre es el que está pensado para reproducir, de algún modo, la realidad celeste,
pero no como si en el cielo hubiera algo que se pudiera reproducir físicamente, sino
que es una mera imagen para hacer esas realidades espirituales accesibles a los
hombres y a sus ritos.

Para resumir brevemente algunos otros errores prominentes de Ellen White, puede
observarse lo siguiente:

- Respaldó el cálculo de fechas de William Miller para 1843-1844.

- Respaldó el cálculo de fechas del Capitán Bates para 1851.

- Enseñó que no había ya salvación para los pecadores después de Oct. 22, 1844.

- Suprimió algunas de sus primeras visiones y algunos de sus primeros escritos, y sin
embargo, en 1882, publicó un libro afirmando que éste contenía todos sus primeros
escritos.

- Predijo que la Guerra Civil sería un fracaso, que la nación se arruinaría, y que la
esclavitud no sería abolida.

- Caracterizó las proclamas de Lincoln a favor de días de humillación y oración como
"insultos a Jehová".

- Enseñó un "vestido de reforma" que convirtió a sus seguidoras en un hazmerreír, y al
que ella misma renunció después de intentar imponerlo a la iglesia por ocho años como
una revelación divina y como un deber religioso.

- Escribió contra el comer tanto mantequilla como huevos.

- Prohibió que se comiera carne, y dijo: "¿Podemos tener confianza en ministros que,
cuando están a la mesa en que se sirve carne, la comen junto con los demás?" (Lake
Union Herald, Oct. 4, 1911), y sin embargo, secretamente, ella misma comió carne
casi toda su vida.

- Enseñó a sus seguidores que no deberían utilizar los diezmos como mejor les
pareciera, pero aplicó sus propios diezmos y los de los demás como mejor le pareció.

- Negó que otros hubieran influido en ella por medio de cartas o conversaciones para
que escribiera sus testimonios, cuando la verdad era todo lo contrario.

- Basó muchas de sus reprimendas en meros informes de oídas y, contrario a lo que
dicen las Escrituras, en el testimonio de un sólo testigo.

- Afirmó haber sido divinamente comisionada para revelar pecados secretos, pero
fracasó miserablemente en esto. En numerosas ocasiones, reprendió al hombre
equivocado, y con frecuencia acusó a individuos de hacer cosas que no habían hecho.

- Se equivocó seriamente en su visión de los planetas y el número de sus satélites.

- Para confeccionar sus libros, plagió tanto material de otros autores (incluso de José
Smith, fundador de los mormones) que uno de sus libros tuvo que ser suprimido por
completo, y otro tuvo que ser revisado, con un costo de $3,000.

- En 1905, prometió explicar sus equivocaciones y errores garrafales, y dijo que Dios
le ayudaría a hacerlo; pero en 1906 dijo que Dios le había dicho que no lo intentara.

Una de las peores características de su vida y sus escritos es que siempre estaba
haciendo a Dios responsable de sus errores y fracasos.

Su peor engaño, como el de sus seguidores, fue confundir su desafortunada aflicción
de la epilepsia y sus ataques epilépticos con revelaciones divinas y visiones de Dios.

La Sra. White no sólo afirmaba que sus escritos son el "testimonio de Jesús" y el
"espíritu de profecía" al que se refieren Apoc. 12:17 y Apoc. 19:10, sino que sostenía
firmemente que ella y sus seguidores son los 144.000 de Apoc. 7:1-4 y Apoc. 14:5,
cuando los Adventistas sobrepasan ya la cifra de 150.000.

Ningún legítimo don de Dios, ningún verdadero don del Espíritu, ha requerido jamás la
mentira, el engaño, el fraude, la duplicidad, para ser defendido y sostenido.

Que ella tenía la intención de ser cristiana y que sus obras contienen muchas cosas
buenas en sí mismas no necesita ser negado. Sus motivos podemos dejárselos a Dios
sin peligro. Pero sus afirmaciones no son defendibles. Son refutadas por demasiados
hechos manifiestos e incontrovertibles.
Por Fernando Fernández-Arellano
Los textos bíblicos están tomados de la Biblia de Jerusalén.
Una de las doctrinas más características
y controvertidas de los Adventistas, y
muy defendida por la señora White en
sus escritos, es la del santuario celeste
y el juicio investigador. Según esta
doctrina, Cristo, como Sumo Sacerdote,
desde su muerte, resurrección y
ascensión, ha estado oficiando en el
santuario celeste en nuestro favor.

En un primer lugar, Cristo ha estado
recibiendo nuestros pecados en el lugar
del santuario llamado “el Santo”. Estos
pecados son los que posteriormente se
perdonarán, cuando Cristo comience la
segunda parte de su ministerio.

Esta segunda parte, según Ellen White
(en lo que sigue a otros anteriores a ella),