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El Mensajero
Nuestra Fe
Los Pentecostales 2
Tras la guerra civil, algunos metodistas acogieron con renovado interés el tema de la
santidad. Bloch-Hoell dice: “El movimiento de santidad, en el que el movimiento
Pentecostal hunde sus raíces, fue una reacción puritana contra un supuesto
institucionalismo y secularización de las grandes iglesias americanas” (The Pentecostal
Movement, p. 12).

Los obispos Metodistas trataron de limitar el entusiasmo por la santidad, pero miles de
personas se separaron de ellos, formando iglesias separadas, de las que la más
importante en número fue la Iglesia de los Nazarenos.

El fenómeno de hablar en lenguas es casi desconocido en el cristianismo desde el año
100 hasta el 1800. Algunos grupos heréticos, como los Montanistas, pretendieron que
tenían ese don. La glosolalia apareció también entre los Cuáqueros, Shakers, y otros.
El artículo de fe número 7 de los Mormones habla de este don entre los Santos de los
Ultimos Días, pero se limitó, realmente, a algunas experiencias desafortunadas de su
primera época; posteriormente se restringió mucho su ejercicio.

Un ministro Metodista de la tradición de la santidad, Charles F. Parham, abrió una
pequeña escuela bíblica en Topeka, Kansas, en 1900. El único libro de texto de la
escuela era la Biblia. Los estudiantes venían de ambientes Metodistas, Baptistas y del
movimiento de santidad. Parham creía en el bautismo del Espíritu Santo y pedía a sus
estudiantes que escrutaran las Escrituras para ver si podían descubrir alguna evidencia
tangible de este segundo bautismo.

Los estudiantes siguieron su encargo y llegaron a la conclusión de que la única
evidencia tangible de que se haya recibido ese bautismo sería comenzar a hablar en
lenguas. Parham y sus estudiantes oraron diligentemente para recibir este bautismo en
el Espíritu Santo y evidenciarlo hablando en lenguas. El 1 de Enero de 1901, Agnes
Ozman comenzó a hablar en lenguas durante un encuentro de oración en la escuela y
se convirtió en la primera persona que demostrara glosolalia en el reavivamiento
Pentecostal.

Hubo otros que siguieron los pasos de la señorita Ozman y, pronto, muchos de los
estudiantes, e incluso el ministro, hablaban en lenguas. Parham sostenía que la iglesia
de nuestro tiempo debería poseer todos los dones de Pentecostés, que todo cristiano
podría esperar recibir un segundo bautismo, y que todo cristiano así bautizado debería
mostrar la evidencia de ese bautismo hablando en lenguas.

Todo lo anterior se ha convertido, prácticamente, en creencia común de todos los
Pentecostales y de la mayoría de los neo-Pentecostales. Durante los años
subsiguientes, Parham y sus estudiantes llevaron el mensaje Pentecostal a distintas
comunidades del sur y del sudoeste.

La escena cambia ahora a Los Angeles. En 1906, la ciudad tenía una población de
unos 230.000 personas, la mayoría recién llegados. Una mujer afroamericana,
perteneciente a la Iglesia de los Nazarenos, invitó a un predicador de santidad de su
misma raza a dar una serie de charlas en Los Angeles. Se trataba del predicador W.
J. Seymour, cojo y ciego de un ojo, que había asistido a la escuela bíblica Pentecostal
de Houston. Este aceptó la oferta de venir a California.

Tras el primer sermón, los Nazarenos más conservadores dieron a Seymour con la
puerta en las narices. El predicador comenzó entonces a instruir a conversos
potenciales en una casa particular. Más tarde, sus seguidores se apropiaron de un
edificio ruinoso en el 312 de la calle Azusa, que se había usado antes como cuadra
de caballos.

La misión de Azusa se convirtió en el centro mundial del naciente Pentecostalismo. A
fines de 1906, el movimiento tenía ya, según ellos, 13.000 seguidores en los Estados
Unidos y Canadá, así como avanzadillas en la India, Noruega y Suecia. Al principio,
los Pentecostales trataron de extender su doctrina en las iglesias establecidas, pero
pronto se vieron forzados a organizar iglesias separadas.

Los predicadores de la santidad de todo el país fueron a Los Angeles para recibir su
segundo bautismo. A continuación, implantaron la nueva religión “extática” en Nueva
York, Chicago y otras ciudades. El Pentecostal noruego T. B. Barratt, que introdujo el
reavivamiento en Europa, recibió su bautismo en la misión de Azuza.

En 1947 se intentó dar una cierta unidad al Pentecostalismo organizando una
conferencia mundial. Desde 1958, se denomina a este encuentro “la Conferencia
Mundial Pentecostal”. Se convoca cada tres años.

Los Pentecostales participan a veces en las asociaciones eclesiales locales, pero,
normalmente, boicotean el Concilio Nacional de Iglesias y el Concilio Mundial de
Iglesias, ambas reuniones importantes de las iglesias Protestantes. Algunos
Pentecostales temen que el Concilio Mundial pueda conducir a los protestantes de
vuelta a Roma, o bien que esté infectado por las corrientes teológicas modernistas, o
que los comunistas se hayan infiltrado en él.
Por Fernando Fernández-Arellano
Los textos bíblicos están tomados de la Biblia de Jerusalén.
ORÍGENES DEL PENTECOSTALISMO

Las raíces del Pentecostalismo podemos
encontrarlas en la reavivación de Wesley
del siglo XVIII. John Wesley predicó que
los cristianos comprometidos podían
esperar recibir un bautismo del Espíritu
Santo, tras su conversión, que les
capacitaría para llegar a la perfección o
completa santidad. Al pasar los años, esta
doctrina de la total santificación fue
cayendo en el olvido para la mayoría de los
adeptos del etodismo; solamente las
pequeñas iglesias Metodistas “Free” y
“Wesleyan” ponían un gran énfasis en la
perfección o “santidad”.
(Continuará en la próxima edición)