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El Mensajero
Número 4
20 de Julio de 2009
¡Vacaciones, pero no de Dios!
Portada
Las vacaciones son, probablemente, el tiempo más esperado del año. Tras muchos
meses de trabajo o de estudio, a todos nos gusta disponer de unos días libres para
descansar y, si es posible, cambiar de aires yéndonos a la playa o a la montaña.

No obstante, debemos tener presente que las vacaciones no deben ser motivo para
romper nuestra relación con Dios. Dejar de ir a Misa, de rezar o de practicar nuestra

fe es algo que nadie se puede permitir.

Tomar vacaciones de Dios sería lo mismo que pretender tomarnos unas vacaciones

de la comida y la bebida. A nadie se le ocurre dejar de comer por estar de
vacaciones. Si lo hiciéramos, moriríamos antes de que acabara el verano. ¿Cómo
entonces se nos ocurre privar a nuestro espíritu de su alimento? Se morirá también,

o al menos enfermará gravemente.

Al hacer nuestro equipaje para las vacaciones, no olvidemos empacar también

nuestro alimento espiritual. Dios vendrá con nosotros a donde quiera que vayamos,
si le dejamos.