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El Mensajero
Editorial
Fernando Fernández-Arellano
La nueva persecución
En todas partes se oye ahora en la Iglesia hablar de la “nueva evangelización”,
aunque pocos saben lo que es. No tanto se oye hablar de la “nueva persecución”,
aunque es una realidad evidente.

Me refiero a la persecución contra la Iglesia, claro. En tiempos era muy claro. Con
el emperador romano Nerón comenzó la primera persecución de las muchas que
hubo hasta la conversión del imperio romano. En esos tiempos, ser cristiano
estaba prohibido, y a los cristianos que encontraban, los encarcelaban y les
daban muerte.

La persecución de hoy en el mundo occidental, de ahí lo de “nueva”, no consiste
en declarar prohibido el culto de los cristianos, ni en darles muerte, aunque sí en
oriente, por eso especifico que hablamos del mundo occidental. La persecución
moderna es más sutil, pero no menos insistente.

Ser cristiano no está de moda. Eso no quiere decir que no es muy popular. Quiero
decir que va contra la moda llamada “corrección política”, que favorece todo lo
contrario a los valores cristianos. Hoy en día, si no estás a favor de la
homosexualidad, el cambio de sexo, físico o virtual, y otros dogmas de la
modernidad, se te tacha en seguida de homófobo, anticuado, reaccionario y, mi
favorito, de promover un “discurso de odio”.

Esto del discurso de odio es un gran invento de los “modernos” para descalificar
a todo el que no opine como ellos. Traducido a lo que realmente es, significa que,
si no me dices a todo que sí, promueves un discurso de odio. Eso, por supuesto,
es mentira en la inmensa mayoría de los casos, pero nadie se atrave a protestar,
porque le caen inmediatamente encima críticas vocifernates de medios de
comunicación y de los nuevos medios sociales (facebook, tweeter, etc.).

Esta reacción de los medios es la versión moderna de las turbas que linchaban
gente en tiempos. La mayoría están aterrorizados de que les pueda pasar a ellos,
sobre todo las personas con alguna trascendencia social, cuya reputación puede
quedar gravemente dañada.

La Iglesia es la víctima principal de todo esto. Los valores cristianos y su forma de
ver la vida y al hombre están totalmente proscritos por la corrección política. De
hecho, en los últimos tiempos, más y más sacerdotes u obispos se ven
denunciados por decir lo que dice el Evangelio, lo que siempre ha dicho la Iglesia.
Lo que hace un par de años se podía decir como cosa normal, ahora te puede
costar multas y hasta la cárcel.

Los tribunales dan por tierra con la inmensa mayoría de estas denuncias, pero
ellos siguen erre que erre, porque su objetivo, es obvio, es sobre todo la
intimidación.

Nada de esto podría pasar si no estuviéramos en unos tiempos en los que la
ciudadanía está especialmente embrutecida. Entre los planes de estudio, que
deberían llamarse de no estudio, y el lavado de cerebro de televisión e internet, el
nivel de eeducación y, por tanto, de pensamiento crítico del ciudadano medio ha
descendido hasta casi cero.

Hay un pensamiento único, creado y mantenido, en último término, por corrientes
de marxismo social, que ejerce una tiranía tremenda sobre el discurso público a
todos los niveles.

La fe es más necesaria que nunca, sobre todo para nuestros hijos. Sin ella,
estarán a merced de quienes manejan los hilos ocultos de esta sociedad
supuestamente libre que trata de asfixiar completamente el espíritu del hombre
contemporáneo, para dejarlo a merced de sus pasiones sin control y de los
eslóganes de la modernidad.