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El Mensajero
Editorial
Fernando Fernández-Arellano
La patria potestad
La patria potestad es la capacidad, reconocida por la ley, que tienen los padres
para tomar decisiones que afecten la vida de sus hijos menores de edad. Estas
decisiones pueden afectar cualquier ámbito de la vida del menor. Pueden ser
decidiones sobre dónde vivir, a qué escuela ir, etc. Pueden ser decidiones sobre
temas médicos también. Por encima de todo, los padres deciden qué tipo de
educación recibirán sus hijos.

En nuestra sociedad occidental moderna, esta autoridad de los padres se está
poniendo más y más en tela de juicio, al querer los gobiernos, tanto nacionales
como locales, tomar decisiones que afecten a los menores, sin prestar atención a
los deseos de los padres.

Una de las formas en que estamos viendo esto es por la aparición de las leyes
respaldadas por los colectivos LGTBI, que pretenden imponer el tipo de
educación sexual que deben recibir los niños. Lo grave es que reciben pleno
apoyo de los gobiernos, pasando por encima de la autoridad de los padres que, si
se oponen, se pueden enfrentar a multas, encarcelación y hasta pérdida de la
custodia de sus hijos.

En estos últimos días, hemos asistido al drama del enfrentamiento entre los
padres del niño Charlie Gard y las autoridades británicas. Charlie tiene una rara
enfermedad que es prácticamente incurable. La única esperanza reside en ciertos
tratamientos experimentales que se llevan a cabo en Estados Unidos. Las
autoridades sanitarias quieren desconectar al niño de los sistemas de soporte
vital que le mantienen ahora mismo con vida. Los padres, aferrándose a la última
esperanza, han conseguido reunir el dinero necesario para llevarle a Estados
Unidos para intentar el tratamiento experimental. Lo sorprendente aquí es que el
Tribunal Supremo de Inglaterra ha tomado cartas en el asunto y ha prohibido todo
traslado de Charlie, ni siquiera a la casa de sus padres para que pueda morir allí
en el seno de su familia.

¿Qué mueve a dicho tribunal a tomar tamaña decisión? No es por motivos
económicos, pues los padres tienen el dinero, y no le costaría nada al estado. El
tribunal parece haber decidido, lo primero, que las decisiones sobre el niño las
toman ellos, y no los padres, ¡vaya usted a saber por qué!

Las últimas noticias son que el tribunal permitirá a un comité de médicos, entre los
que se cuentan varios de Estados Unidos y otros países, medir las posibilidades y
conveniencia de llevar a Charlie a recibir el mencionado tratamiento experimental.
Tras esta deliberación, el tribunal tomará la decisión final.

Pero no es la resolución final del tribunal lo que más nos preocupa, sino que esté
el tribunal en cuestión tomando decisiones en absoluto. Cierto que el estado tiene
que tomar precauciones para evitar el abuso de niños en el caso de padres sin
conciencia. Pero, ¿es éste un caso de ese tipo? Porque parece más bien el caso
de unos padres amantes y desesperados que están removiendo cielo y tierra para
intentar que su hijo se cure.

El tribunal menciona continuamente el tema de si el niño sufre, lo que es muy
difícil de estimar. Es la monomanía actual de evitar el sufrimiento a toda costa (la
famosa calidad de vida). Pero, por la posibilidad de curación, ¿no merece la pena
pasar por el sufrimiento?  Y si no, que se lo pregunten a infinidad de pacientes de
cáncer que las pasan de todos los colores con terapias agresivas de todo tipo.

Esto es un claro atentado contra la patria potestad. El “papá” estado ataca de
nuevo. Ataca a la familia, por supuesto. Si no tenemos cuidado, acabaremos en
una sociedad orweliana, donde cada uno, desnudo y solo, nos enfrentaremos a
las decisiones de este papá estado sobre todos los aspectos de nuestra vida, ya
que “papá” sabe más.